El complot 3D

Hollywood se ha contagiado de una nueva fiebre, la de los lentecitos 3D. La locura desatada por la redescubierta ilusión óptica tan solo empieza a insinuarse en el horizonte. Solo basta con mirar la cantidad de películas anunciadas en las recientes semanas que se irán al famoso formato. Mientras sea financiable, se convertirá en un hecho, y es que la tercera dimensión huele a mucho dinero.

Los dueños de los estudios cobran más por películas en este formato, y mientras más se unan al club, mayor serán las ganancias.

El abrumador éxito de Avatar ya ha traído consigo consecuencias ridículas, como en China, donde no se exhibió dicha película en 2D. Si la tendencia continúa a este ritmo, se convertirá en mandato universal hasta el punto que las películas en 2D sean obsoletas. ¿DVD, Blu-Ray? Olvídenlo, 3D Blu-Ray es inevitable y está a la vuelta de la esquina. Si tienen planes de comprar un televisor nuevo, olvídenlo, más pronto que tarde la tecnología 2D estará fuera del mercado cinematográfico casero.

¿Cuál es mi problema con esta reciente tendencia? Que no todas las películas necesitan ser hechas en 3D. El taquillazo de Cameron ha desatado el hambre descontrolado de la industria cinematográfica, donde películas que no fueron ideadas para tal fin están siendo adaptadas al futuro tecnológico como es el caso de Clash of the Titans, donde resulta costoso e inútil.

Usar los pesados lentes 3D de vez en cuando está bien, pero al ritmo que vamos, será de uso obligatorio. No, no exagero, Harry Potter, Iron Man, la atorrante Transformers, Underworld, Ghostbusters, James Bond, Twilight y Spider-Man, son algunas de las franquicias que van con todo y ni hablar de las viejas que serán relanzadas como Star Wars o The Lord of the Rings.

Para una película de una hora y media como tope, está bien, pero las cintas tienden últimamente a perder el control en cuanto a su duración, ahora es común que la película más simplezca te lleve más de dos hora de tu tiempo, casi siempre inmeritoriamente. El nuevo y último film de la saga del mago Potter, indudablemente estará por las dos horas y media aspirando a las tres. Seguro será divertidísimo para los que ya de por si usan lentes o que lleven niños.

Algo que por lo visto a nadie se le ha ocurrido es la ubicación en la sala de cine. De por si estos espacios cuentan con algunos asientos de ubicación terrible, imagínense quedar en la primera línea con una película 3D. La magia del formato no se disfruta si no es aprovechada desde al ángulo correcto, bordes borrosos y mayor concentración es inevitable si no se tiene un asiento céntrico.

A estos factores hay que agregarle los dolores de cabeza y las náuseas, por suerte nunca he padecido de ninguna de las dos, y sin embargo al final de Avatar ya quería tirar los lentes contra la pantalla. No es sabio ignorar la cantidad de personas que tienen problemas de vista y que les toma más trabajo procesar estás imágenes, con el tiempo este sector de espectadores sencillamente optará por no ver la película antes de tener que someterse a una migraña cinematográfica.

Una excusa de otra dimensión

El 3D existe desde los años 40, y tomó unos 70 años de espera para que apareciera una película que lo hiciera meritorio. Pero más allá del redescubrimiento visual, Avatar probó que una película que usualmente hace 200 millones de dólares en taquilla, pasaría a recolectar unos 300 millones gracias al alquiler por el uso de los lentes. De por si, el costo de las entradas al cine aumentó sin derecho a pataleo, si a eso le agregamos el costo de los lentes, podríamos ir olvidando al séptimo arte como un medio de entretenimiento popular.

El 3D está revolucionando el mercadeo, no el medio audiovisual.

Si le pones la etiqueta de LEVIS a un jean de una marca irreconocible y de penosa elaboración, mucha gente no se dará cuenta de la diferencia y lo compraran llenos de júbilo. Lo mismo ocurre con los próximos lanzamientos Hollywoodenses, mucha basura disfrazada con lentes 3D. Espectadores ingenuos verán el logo y pensaran que los espera una aventura digna dentro de la sala de cine, pero lo que no saben es que los aguarda una pesadilla tridimensional. Gracias a esta ingenuidad, estás basuras para todo público hacen un montón de dinero en taquilla que solo sirve para ser invertido en más basura con más dimensiones y menos contenido.

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